viernes, 7 de junio de 2013

Cayendo lentamente al infierno


Otra vez lunes, genial- piensa un fastidiado pelinegro recostado boca abajo, el despertador sigue sonando, con una mueca lo apaga y se vuelve a esconder debajo de la almohada, intentando controlar su respiración, sabia que ella llegaría pronto, podía escuchar sus pasos cruzando el pasillo, se detuvo en frente de su habitación y dio unos pequeños y ligeros pero decididos golpes en la puerta.

-Aru, llegaremos tarde- sin respuesta, insistió mas y aun sin respuesta, volvió a hablar- Aru, voy a entrar.
La chica entro a la habitación cuando vio la inigualable figura de su hermano, aun sobre la cama, dormitando, al ver esto hizo una expresión de decepción y resignación.

-Aru, ya levántate o llegaremos tarde…-el aludido no se movió un centímetro pues estaba tan fascinado oliendo ese perfume tan divino característico de su hermana que ni se dio cuenta cuando le quito la almohada de la cabeza descubriendo que su hermano estaba, en efecto, despierto. La chica suspiro por lo bajo y continúo con sus amenazas

-Mira, si no te levantas, no tendré más remedio que…- Aru solo movió un poco su ojo descubierto para intentar mirar con curiosidad a su hermana, sin embargo no hizo nada más, tenía ganas de ver que iba a hacer- te lo advertí.

Y cumpliendo su amenaza le quito la sabana donde el cuerpo de su hermanito mayor, estaba reposando, se encontraba tan bien acomodado que al tiempo de que ella jalo la sabana, el giro bruscamente por impulso, quedando cara a cara y…

-¡Ahhhhhhhh! ¡Ari! ¡¿Qué rayos crees que estas haciendo?!- grito el joven intentando cubrirse lo poco que sus bóxer podían censurar, volteo a ver a su hermana que estaba examinándolo, con unos ojos como platos intentando contener el sonrojo y las ganas enormes de tocarlo y acariciarlo, la mirada de Ari había cambiado y Aru se daba cuenta, de lo que no se daba cuenta era de ese toque de lujuria, abstinencia, desesperación y culpa que remarcaban los ojos de la chica al ver a su hermano en ese estado, semidesnudo y a unos pocos centímetros de ella, y eso no ayudaba para nada al caos que tenia en su cabeza, y como consecuencia, se acercó más y más a su cara hasta que quedaron a pocos milímetros de tocarse.

-Buenos días hermanito- dijo Ari con una radiante sonrisa, un hermoso sonrojo y además acompañado de un cálido beso en la mejilla que basto para terminar de derretir al joven pelinegro.

Ari, que estaba a punto de perderse, logro recuperar la compostura, sin embargo no logro deshacerse tan fácilmente del sonrojo que delataba sus fantasías.

-El desayuno esta listo, no vayas a tardar eh…- dijo caminando hacia la puerta sin voltear a ver a su hermano, por temor a que viera dentro de ella como siempre y que descubriera su secreto.

Después de que saliera, Aru solo se quedó ahí, esperando que su respiración se controlara, pero su sueño combinado con lo que acababa de pasar no eran de mucha ayuda.

*Ari lo veía con una mirada de vergüenza y deseo, su cara estaba roja y luchaba por bajar la mirada ya que la de él se lo impedía, la miro con verdadero deseo y lujuria, a lo que ella enrojeció a mas no poder y le dijo con un tono de reproche y vergüenza:- N-no me mires con esos ojos, hentai! El soltó una risita traviesa y se acercó a sus labios besándolos con ternura y amor, los siguientes besos tomaron un rumbo mas subido de tono, la pasión poco a poco se fue haciendo presente entre ambos hermanos, recorrían sus cuerpos y sus corazones, Aru fue tocando y lamiendo cada una de las partes más sensibles del cuerpo que su querida Ari, haciéndola gemir cada vez mas fuerte, puso su rostro en sus piernas y viendo la mirada llena de deseo, prosiguió, saboreando la parte mas deliciosa de su cuerpo, provocando que su amada, gritara su nombre con absoluto placer, y logrando que el cuerpo delicado de su hermana se arqueara de tal manera que sabia, que estaba llegando al final, todo era tan perfecto, Ari estaba a punto de llegar cuando…
Se despertó, envuelto en sudor y pudiendo apenas respirar, un bulto endurecido entre sus piernas le dijo que sus deseos eran reales y que además, se encontraba en problemas, se puso boca abajo, escondiendo su cabeza debajo de la almohada, mientras que su excitación desaparecía y su ritmo respiratorio se calmaba, sonó el despertador.


Aru dejo ir un suspiro, la imagen de su querida hermana gritando su nombre en el momento justo de su orgasmo, no dejaban sus sueños en paz repitiéndose cada noche, la imagen volvió por un segundo y se sintió como un completo pervertido, y con justa razón, pues estaba enamorado de su hermanita menor, aun recordaba como, a escondidas de ella, se hizo un estudio de ADN, con la esperanza de que no fueran hermanos, pero lamentablemente el resultado fue positivo. Intento no pensar en eso y se cambió, poniéndose una playera negra que se ceñía a sus pocos pero bien formados músculos, una   camisa abierta a cuadros, unos pantalones de mezclilla holgados y algo rotos y unos tenis sucios, bajo a ver a su hermana, que a diferencia de él, si se había arreglado cuidadosamente; su pelo largo y cepillado caía sobre sus hombros y bajaba por su espalda hasta antes de la cintura, llevaba una blusa negra de manga corta con una chamarra encima, una falda, su favorita, unos mallones cuyo final era ocultado por unas botas altas y en sus manos unos guantes que dejaban ver sus delicados dedos y sus  cuidadas uñas.

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